New York City Marathon 2015

“Start spreading the news, I’m leaving today / I want to be a part of it, New York, New York / These vagabond shoes, are longing to stray / Right through the very heart of it, New York, New York…”

La voz de Frank Sinatra dio inicio a la maratón de Nueva York 2015, yo me encontraba en el Cajón de salida D de la Ola 1, a solo unos cien o ciento cincuenta metros de la línea de salida y de los Kenianos, la voz del evento presentó a los invitados de honor y el subidón de adrenalina empezó a recorrer mis venas, eran las 10:00 am, llevaba más de 5 horas despierto y habían pasado 4 horas desde mi pobre desayuno (un muffin y un jugo de naranja), me sentía fuerte y confiado (I’m king of the hill, top of the heap), no imaginaba que las próximas 3 horas y 21 minutos serían las mas duras de mi corta historia en el atletismo.

Las cosas no comenzaron bien, antes de iniciar la carrera perdí uno de los geles que iba a usar y eso afectó mi plan, decidí comer medio gel antes de iniciar y otro medio a los 50 minutos (me defendería con dos geles el resto de la competencia), este fue el primer error de una serie de incidentes que posiblemente afectaron mi desempeño, después de eso la salida y el ascenso al puente Verrazano, cerca de un kilometro de subida fuerte que golpea las piernas de muchos corredores, en mi caso y gracias a mi experiencia con el trail tenia planeado iniciar fuerte, sin embargo para mi sorpresa los corredores que tenia por delante no eran los corredores rápidos que esperaba encontrar, algunos de ellos eran muy lentos y otros se tomaban selfies en el puente, esto ocasionó que no se pudiera correr y nos vio obligados a muchos a caminar, yo esperaba correr a un pace de 4:30 min/km sobre el puente y terminé haciéndolo a mas de 5:00 min/km y con el mismo o mayor esfuerzo debido a todas las personas que tuve que pasar, fue incomodo y angustiante, era el primer kilometro pero la presión que tenía encima empezaba a actuar sobre mi, creo que este detalle marcó el resto de la competencia.

Para el segundo kilómetro y ya en pleno descenso del puente decidí que debía recuperar el tiempo perdido y correr muy fuerte, de está manera al cruzar la milla 2 me encontraba de nuevo dentro del tiempo esperado, en ese momento tuve un nuevo incidente, la música que había preparado para llevar mis ritmos de carrera dejó de sonar, quise sacar el celular y volver a reproducir la música pero me di cuenta que había un gran ambiente en la calle, mucha gente animando y música por lo cual elegí guardar mis audífonos y continuar así.

Después de la segunda milla revisé mis pulsaciones y descubrí que estaban muy altas, cerca a las 180 ppm, pensé entonces en las palabras de mi entrenador y en la estrategia que habíamos elegido para la carrera: 1) elegir un pace (el cual me recomendó fuera 4:20 min/km) y 2) controlar que las pulsaciones no fueran mayores a 174 ppm. Por un lado noté que el pace no podía ser de 4:20 min/km puesto que ya iba a un ritmo fuerte y las pulsaciones estaban muy por encima (decidí entonces correr a un pace de 4:25 min/km), por otro lado, y de una manera que aún no entiendo, decidí ignorar el pulsómetro y correr teniendo en cuenta solo el pace, fue mi segundo error.

Durante la primera mitad de la carrera (hasta el kilometro 25) se pasa por Brooklyn, la energía que se siente es maravillosa, gente entusiasmada por los corredores y bandas musicales a ambos lados de las calles, alcanzo a recordar bandas de rock, a una chica con guitarra cantando algo que sonaba como una balada o una canción country, la banda tipo high school con todo su alboroto y también a un DJ con el potente sonido de sus beats, toda una fiesta que al pasar de los kilómetros no termina y que me mantuvo corriendo con una sonrisa pintada en el rostro, con la felicidad pura producto del correr libre.

Era frecuente ver a grupos de personas que estallaban en alegría cuando veían pasar al corredor que esperaban, algunas veces el corredor se acercaba para abrazar y besar a quienes lo animaban, otras veces solo saludaban felices y seguían su paso. Para ese momento yo ya había encontrado mi pacer, una mujer joven de pantaloneta corta y camiseta rosada de la maratón de Auckland, rubia y bajita que corría muy veloz a un paso tranquilo, yo intentaba mantenerla a la vista, a veces se iba adelante y se confundía entre la multitud de corredores, luego la alcanzaba y me ponía a su lado o tras de ella para tomar su paso, sin embargo, ella aceleraba y se perdía rápidamente, así pasó un par de veces más hasta que en el kilometro 25 la adelanté sobre el puente Queensboro y no la volví a ver.

Esta primera parte de la carrera también se caracterizó por los constantes “culumpios”, es decir, subidas y bajadas que no son muy pronunciadas pero que hacen acelerar el ritmo cardiaco, yo continuaba a un ritmo fuerte y el pasar de las millas me mantenía animado debido a que me encontraba en los tiempos esperados (llevaba una manilla de tiempos con pace de 4:25 min/km), sin embargo la frecuencia cardiaca se mantenía muy alta, demasiado alta, por encima de 178 y hasta 182 ppm, seguí corriendo al mismo ritmo sin prestar atención a la frecuencia, en cierta forma porque sentía que mi respiración no estaba agitada y porque algunos de mis compañeros de equipo me habían indicado que correr a nivel del mar te da un plus y sin duda yo lo estaba sintiendo en ese momento, me encontraba fuerte y con el tanque suficiente para terminar bien la carrera a pesar de no estar siguiendo el plan, pero teniendo cuidado en hidratarme a cada punto con agua o con un poco de Gatorade.

El puente de Queensboro encendió las alertas, mi corazón llegó a 190 ppm en el intento por mantener el pace y las piernas empezaron a sentir el cansancio, aún faltaban muchos kilómetros y mi cuerpo empezaba muy temprano a sufrir, aquí se bajó un poco la confianza, en la siguiente milla (milla 17) ya estaba por fuera del tiempo esperado por algunos segundos y aún no me había dado cuenta de que mi cuerpo no iba a resistir, ya había consumido el segundo gel.

Manhattan recibe a los corredores con el mismo entusiasmo con que inicia la carrera, sin embargo la sonrisa de mi rostro desapareció, a pesar de que aún me encontraba cerca al tiempo objetivo mis piernas ya no respondían igual, no me sentía ligero y la fatiga iniciaba a sentirse, miraba a lo lejos la multitud de corredores corriendo por la Primera Avenida y me sorprendía el no alcanzar a ver el final de esa calle, revisé el pace y asumí que no podía correr a 4:25 min/km toda la carrera por lo que intentaría mantener el 4:30 min/km, a partir de ese momento necesitaría concentración, intenté correr mas relajado pero seguía con las pulsaciones altísimas, no alcanzaba a notar que las fuerzas se iban y que estaba en mis últimos kilómetros buenos, la gente seguía animando pero yo ya no sonreí más. Curiosamente la gente no leía en mi camiseta mi nombre (Eduar) sino que leían y con frecuencia me gritaban “Ecuador”, por un momento pensé en que había algún corredor con bandera Ecuatoriana cerca a mi, pero más adelante noté que me lo gritaban a mi, fue algo decepcionante, también escuché algunas personas gritando “Eduar” en este sector, sin embargo para este entonces ya no la estaba disfrutando, las dudas se apoderaban de mi cabeza y empezaba a darme cuenta que los objetivos se estaban escapando de mi manos.

Al finalizar la Primera Avenida, se llega al Bronx, allí se pasa por dos puentes y hay varios giros para finalmente regresar a Manhattan por la Quinta Avenida, en ese sector consumí el tercer y último gel con la esperanza de recuperar un poco mi rendimiento, pero no fue así, sufrí mucho el último puente a pesar de ser corto, las calles feas de este sector y el reloj me llenaron de angustia, ya no podía correr a 4:30 min/km ni a 4:45min/km, apenas conseguía mantenerme por debajo de 5:00 min/km y comenzaron a aparecer mini calambres en los muslos y en las pantorrillas, esperaba con desespero el siguiente punto de hidratación pero no llegaba, el GPS marcaba el kilómetro 35 y todavía faltaban más de 7 largos kilómetros, en mi cabeza imaginaba entrando a Central Park para poder tomar la última parte de la carrera con tranquilidad, sin embargo, eso no sucedió, los minutos pasaban y cada kilometro se hacia más y más largo. La milla 22 marcó el fin de mi objetivo de clasificar a Boston, ya no podría lograrlo y eso se clavó fuerte en mi corazón, los mini calambres se hacían más y más frecuentes y solo esperaba encontrar pronto un punto de hidratación para beber algo de Gatorade, cuando por fin llegué al punto de hidratación me detuve, tomé dos vasos y los bebí lentamente, caminé mientas lo hacia, pensaba en “- ¿Dónde putas esta Central Park? – ” y corrí nuevamente, esta vez apenas lo conseguí, mi cuerpo me pedía parar y en mi cabeza la frustración se materializó en forma de aislamiento, ya no veía mas allá de un par de metros delante de mi, ya no escuchaba nada, ya no sabía ni donde estaba y en lo único que podía pensar era en que por nada del mundo podía detenerme, en que debía correr y terminar esta “maldita” carrera, pero no pude hacerlo, metros mas adelante mi cuerpo se reveló y paré, di un par de pasos, puse las manos en la cintura y respiré, respiré profundamente y me quedé viendo como la gente me pasaba, muchos corrían a un mejor ritmo del que venían, estaban rematando, yo apenas podía caminar, aún faltaban más de 5 kilómetros y yo estaba allí aguardando a que mis piernas respondieran, me quedé esperando a que alguien me gritara, me diera ánimos, pero nadie lo hizo, me quedé ahí de pie y de pronto sentí un fuerte calambre en el cuádriceps izquierdo, mis piernas se revelaban con todo y estaba solo, me di cuenta de que si seguía parado los calambres continuarían con mas fuerza, no podía enfriarme, tenia que seguir, miré al frente y continué.

Los siguientes kilómetros no los recuerdo, corría solo para cruzar la meta, para no terminar tirado en el piso por culpa de los calambres, recuerdo haber pasado el kilómetro 40 y caminar algunos metros mas adelante, recuerdo llegar al 59 Street y girar para tomar la ultima milla, ver el GPS y pensar en que si apuraba un poco podría recuperar al menos un record personal (no lo conseguí tampoco), de algún modo me llegó algo de fuerza y conseguí mejorar un poco el ritmo, nunca en mi vida había sentido tanto sufrimiento al correr, ya estaba resignado y recordé que al final de esta última milla me esperaba mi medalla, me empecé a sentir débil, la cara me hormigueaba y sentía frio a pesar de que el clima era tibio, tomé la última curva con la esperanza de ver la línea de llegada pero esta no aparecía; corría y corría y nada, ya nadie me pasaba y eso me dio esperanza de no terminar tan mal, de pronto los espectadores gritaban más y por fin al final de este tramo la línea de meta, no podía acelerar, mantuve el paso y cuando estaba a punto de llegar levante los brazos pensando solamente en las fotos que podrían estar tomándome, a decir verdad no tenia ganas de sonreír ni de celebrar.

Pase la línea, caminé buscando mi medalla, pero la entregan unos 100 metros mas adelante, la chica que la entrega me felicitó y la puso en mi cuello, al fin había acabado esto, pensé, me tomé una foto y recibí el paquete de hidratación que entregaba la carrera, caminé otros metros a medida que me sentía cada vez peor, noté que había personal medico así que me acerque a una chica para informarle que no me sentía bien, en ese momento las piernas ya no aguantaron el peso de mi cuerpo y caí sobre una acera al borde del camino de salida.

Unos minutos mas tarde salía de la carpa de los servicios médicos ya recuperado, sufrí un bajón de la presión y calambres que no me permitían caminar, por lo que fue necesario que me montaran a un carrito y me trasladaran en silla de ruedas para poder ocupar una camilla mientas me atendían, gracias a Dios no fue nada grave y me recuperé con un caldo, Gatorade y un poco de estiramiento en las piernas, salí de la enfermería con mi medalla, con mi espíritu de runner recuperado, una bonita anécdota y las piernas tan maltratadas que dolieron por mas de cuatro días, el tiempo oficial 3:21:43.

 

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Chicamocharun 2015 – 108K… Mi primera Ultra de verdad

 

Como me suele pasar en las carreras de trail, llegué tarde, no entiendo porque me pasa, soy muy cuidadoso con cada detalle pero últimamente siempre pasa algo a último momento, me olvido poner el chip en el zapato, pegar el número, salgo a comer algo y me demoro, hay fila en el baño, en fin, de nuevo llegué tarde a la salida de la carrera, apenas tuve tiempo de despedirme rápidamente de Monica, ingresar al corral de salida, saludar a Lina Vargas, hablar con ella un par de minutos, ajustar la maleta, saludar a Mauricio Cajamarca y ya, de repente estábamos en cuenta regresiva, no tuve tiempo de estirar o calentar, tampoco hubo subidón de adrenalina, solamente salí trotando tomando la cola del grupo y ya.

Alcancé a ver a algunos amigos de Fusa frente a la Iglesia (Johanna Rincón y su mamá) y antes de darme cuenta ya estaba trotando por una calle del centro de San Gil, llegamos a una escalera en zig-zag y seguimos subiendo, tomé entonces la decisión de no caminar en la escalera y solo me detuve cuando no había espacio para pasar a quien estaba en frente. Llegamos al final de la escalera y tomamos una vía en asfalto, luego una desviación y a los pocos minutos ya estábamos por la carretera destapada, me sentía muy ligero, tomé buena velocidad y de pronto ya estaba en un grupo junto a Diana Melo, Francis Pardo y otro competidor muy rápido, junto a mi estaba Lorena Lopez (quien ganó en mujeres) y otro competidor.

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Mientras avanzaban los primeros kilómetros noté que iba a buena velocidad, no me sentía esforzando demasiado el paso así que decidí mantenerme y solo caminar cuando fuera estrictamente necesario, comía una gomita cada 30 minutos y un sorbo de agua, de esta manera nos mantuvimos agrupados la primera parte de la carrera, a medida que avanzábamos una muy suave llovizna iniciaba pero con el pasar de los kilómetros se hacía un poco mas fuerte.

Mi plan consistía en detenerme al llegar al Km 21 comer una barra, cargar agua en la botella con electrolitos, escribir un tweet y continuar, sin embargo, nadie en el grupo se detuvo, solamente tomaron uno o dos vasos de agua y continuaron al mismo ritmo, no quería separarme de ellos por lo que decidí continuar, no me detuve tampoco.

Hacia el Km 32 nos metimos en la montaña, se trataba de un sendero no muy técnico pero difícil, con subidas que nos obligaban a caminar, la llovizna se había convertido en aguacero y los pies empezaban a mojarse, Diana, Francis y el otro competidor empezaron a dejarme atrás, Lorena nos adelantó muy rápidamente junto a su compañero y otro corredor nos dejó atrás con una habilidad increíble, me tomé el primer un gel y traté de comer una barra pero no pude, se me dificultaba mucho tragarla, a partir de este momento iniciaba realmente la carrera.

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Nunca había corrido en la noche y las sombras me hacían malas jugadas, veía objetos moviéndose a mis pies lo cual me hizo detener un par de veces (me aterra la idea de encontrarme con una serpiente, una araña o un roedor), los ojos de las vacas brillaban con la luz del frontal y parecían los reflectores de la ropa de algún competidor, el suelo estaba mojado pero no había mucho barro, no soy hábil en terreno técnico, por lo cual el grupo me dejó atrás y pronto estaba solo en la montaña, sentí un poco de angustia, tenia miedo a perderme y pronto empezó a dolerme la espalda por la bajada, sabía que a partir de este lugar iniciaba el descenso al cañón y llegué a pensar que terminaría con la espalda y los muslos destrozados. En el Km 38 decidí tomar la bebida de recuperación que llevaba, iniciaba un descenso muy técnico y caía un aguacero monumental; no entiendo muy bien que fue lo que pasó pero de un momento a otro empecé a dar los pasos mas largos y a pisar con mayor seguridad a través de la montaña, no había camino, sin embargo cada vez que levantaba la mirada encontraba una marca de la carrera, me dirigía a la marca, levantaba de nuevo la mirada y encontraba la siguiente, fue algo especial, cogí un muy buen ritmo y así fue como al final del descenso alcance a dos competidores y pude seguir delante de ellos, poco después llegué por fin a una carretera destapada, era la carretera a Jordan, el rio sonaba muy fuerte y por momentos podía ver su silueta iluminada por la poca luz de luna que se filtraba entre las nubes, alcance a una de las competidoras y me puse delante de ella, poco después aparecieron unas luces en el camino, una especie de plaza y en el medio un kiosko, había llegado a Jordan, era el Km 44.

A Jordán llegamos un grupo de 6 o 7 corredores casi al mismo tiempo, en este punto de avituallamiento estaba la bolsa que se entregaba a la organización, tenia en ella zapatillas de cambio, ropa de cambio, comida y bebida de recuperación. Al llegar me ofrecieron una silla, me quité la maleta, tomé la bolsa, me ofrecieron un caldo y recordé que tenia que recargar la bolsa de agua, por unos segundos no supe que hacer, si tomarme el caldo, recargar la bolsa, sacar las cosas de la bolsa o qué, termine entonces tirado en el suelo sin hacer nada, embolatado, fueron unos segundos de absoluta desconcentración, finalmente cuando fui capaz de reaccionar me tomé el caldo, saqué camiseta, gorra, gomas y geles (no empaque más barras), cargué la bebida de recuperación y decidí no cambiarme de zapatillas, tome unas plantillas con mas amortiguación de las que llevaba, empaqué todo en la maleta y salí. En este punto sucedió algo curioso, me di cuenta que el competidor con el que había recorrido casi todo el camino hasta acá era Wilmer Ceballos, quien es un gran corredor de montaña, nunca me imagine estar cerca de él.

Salí con Wilmer y 200 metros más adelante me di cuenta que había dejado la caramañola con la bebida de recuperación por lo que tuve que regresar, esto me hizo perder a Wilmer, a Francis y a Diana quienes ya habían salido. También habían salido ya tres competidores y nos habían informado que el primero había pasado una hora antes, es decir, en este momento me encontraba en el 8 o 9 puesto. Había algo más de carretera destapada después del punto en Jordan y después de esto la parte mas dura de la carrera, el ascenso del cañon, al principio sentí muy dura la subida, tenia un paso lento y vi como se alejaban mis compañeros de grupo, el terreno era un sendero muy angosto en zig zag que debido a la oscuridad apenas se veía, me comí un gel, un poco de bebida de repuperacíon y al poco tiempo mi paso mejoró, pasé de nuevo a dos de mis compañeros y adelante tenía muy cerca a Francis que tomó la delantera del grupo.

Antes de salir del cañón me detuve unos segundos para intentar contemplar el paisaje, debido a lo nublado del cielo había muy poca luz de luna, sin embargo se notaba que ya pronto iba a amanecer, abajo en el cañón una hilera de luces, eran los corredores de 63K que salieron a las 3:00 am y los demás corredores de 108k que recién iban a iniciar el ascenso, intenté contemplar el cañón pero solo podía ver las siluetas de las enormes montañas frente a mi que se extendían hasta donde no podía ver más, fue un momento bello y triste a la vez, sabia que tenia frente a mi un espectáculo de una belleza sin igual pero no podía verlo, aún así, lo que mis ojos alcanzaban a ver, lo que mi alma sentía después de 8 horas de carrera en ese lugar fue indescriptible.

Cuando salimos del cañón de nuevo encontramos carretera destapada en ascenso (Km 52), ya Francis se había ido adelante y no lo volví a ver, poco después me alcanzó un muchacho muy amable santandereano con quien hablamos por unos minutos, iba muy fuerte y se alejó rápidamente mientras yo empezaba a sentir el cansancio, las luces de Villanueva ya se podían ver y los corredores de punta de 63K comenzaron a pasar. Llegue al punto de avituallamiento en Villanueva con frio, con algo de dolor en los pies y con la necesidad de parar a descansar lo suficiente para poder seguir a buen ritmo, en esta ocasión me quite los zapatos y las medias mojadas, cambié las plantillas de las zapatillas por unas con mayor amortiguación, me puse crema para evitar las ampollas y medias secas, me quité la camiseta manga larga la cual me había protegido muy bien de las espinas de los arbustos bajando al cañón pero que ahora sentía mojada y fría, me quité el frontal (desde hacía un rato me molestaba su presión en mi cabeza), acababa de amanecer por lo cual me puse una gorra y bloqueador para protegerme del sol, me comí el sánduche que llevaba y un plato de arroz con pasta, una aguadepanela caliente y pedí ayuda con un estiramiento, me sentó muy bien. Crucé unas palabras con Diana Melo (después me enteraría que se retiró), escribí un tweet para informar donde iba y llamé a Mónica para coordinar que nos vieramos en Barichara. Eran las 5:30 am y todo había salido exactamente de acuerdo al plan, atrás se habían quedado 60 Kms y a partir de ahora todas las sensaciones serían nuevas para mi, la ventaja sería que ya conocía el recorrido, serían los 48 Kms que había hecho el año anterior.

Hice algunas cuentas y me dio que debería estar en la posición 9, sabía que adelante había una mujer por lo cual estaba entonces de 8 en mi categoría. El camino de Villanueva a Guane tiene 9 Kms y es casi completamente una bajada, no tiene muchas complicaciones salvo un descenso técnico en camino de piedra que puede afectar mucho los pies (el año anterior perdí 4 uñas ahí), durante este trayecto pasé a dos competidores, estaba convencido de ir en la 7ma posición de la general. En Guane recargué electrolitos, me comí un gel e inicié camino hacia Barichara, 7 Kms de subidas y bajadas para terminar con una subida fuerte por sendero antes de llegar al pueblo, durante este tramo uno de los competidores que dejé atrás se me acercó pero tan pronto lo vi apreté el ritmo.

En Barichara estaba Monica esperándome, nos dimos un abrazo, me tomó un par de fotos y me despedí de ella con un dolor cada vez mas fuerte en la planta de los pies, sabía que no eran ampollas, el riesgo de traer unas zapatillas ultralivianas con poca amortiguación se estaba materializando, en los terrenos duros como la piedra de las calles de Barichara se sentía aún mas fuerte, me alejé buscando el punto de hidratación y fue entonces que vi adelantarme de nuevo a un corredor de 108K, lo extraño fue que él ya me había pasado en Villanueva y en ningún momento yo lo pasé en el trayecto de de Villanueva a Barichara, se alejó de mi y no lo volví a ver, más adelante varios corredores me pasaron, no pude identificar a ninguno de la distancia 108K, sin embargo al menos uno podía serlo, a partir de entonces no supe más en que posición estaba, pero suponía que debía estar de 9 o 10 en la general.

La bajada a Cabrera es muy fuerte, se lastiman mucho las piernas y la espalda, y en un día normal el calor es insoportable, sin embargo esta vez no hacía nada de calor, por el contrario todo estaba muy fresco, al parecer había llovido mucho por esos días y las piedras del camino estaban cubiertas de una lama verde que las hacía extremadamente lisas, tomé ese tramo con mucho cuidado, se me hizo eterno pero finalmente llegué al pueblo en el Km 81, hasta allí me había estado hidratando y comiendo una goma cada 30 minutos, tenia la sensación de que en cualquier momento iba a tener un calambre en el muslo derecho pero por suerte no fue así, llegué al punto de avituallamiento en el polideportivo del pueblo cansado en extremo pero con la mente fuerte, sin ampollas y sin lesiones, solo el dolor en la planta de los pies, en ese momento supe que podría terminar, solo debía continuar con un paso constante aunque no fuera rápido y para conseguirlo debía comer y descansar lo suficiente en Cabrera, así lo hice, me quité la maleta, puse a cargar el Suunto con una batería portátil que llevaba, había caldo y arroz, las señoras (una de ellas con unos ojos claros hermosos) me sirvieron la sopa con una porción de arroz encima que me devore en segundos, pedí otra sopa igual y me la comí con el mayor gusto, después recargué la bolsa de hidratación y cuando iba a recargar los electrolitos me di cuenta que se habían acabado, no entendí como pero ya el tarro con las tabletas efervescentes estaba vacío, le pedí entonces bebida isotónica a la señora y sorprendentemente me ofreció un sobre de Titanium el cual mezclé con agua en la caramañola, me tomé un par de analgésicos (dolex) y estiré un poco antes de tomar la subida que hay para continuar el recorrido después de Cabrera, fue una parada larga, sin embargo cuando iba saliendo me crucé con Wilmer, que era quien creía estaba atrás de mi, sin embargo, no me di cuenta si durante la parada algún corredor de 108K me había adelantado.

Salí de Cabrera, tomé la carretera asfaltada y unos metros después sospeche que estaba perdido, no habían marcas así que me regresé para certificar que había tomado mal el camino y que había perdido cerca de 10 min, me sentí muy molesto conmigo mismo, así que me comí un gel e intenté apretar un poco el paso. Había que tomar un sendero por la montaña y de nuevo tomar la carretera de asfalto, en ese tramo me encontré con un corredor de 108K quien sospecho cometió el mismo error mío, pero quien en lugar de regresar continuó por la carretera con la suerte de que mas adelante se retomaba la ruta, estoy seguro que lo hizo sin mala intensión, que ni siquiera se dio cuenta pues en los minutos que estuvimos juntos me dijo que el año pasado la carrera entraba a la montaña y que esta vez no, es decir, exactamente lo que yo había recorrido y que él no. Durante esta corta conversación me preguntó si necesitaba algo y le respondí que tenía sueño, sacó un gel con cafeína (no uso geles con cafeína) me lo ofreció y siguió adelante, de acuerdo a mis cálculos aún podía estar entre los 10 primeros de mi categoría. Durante este tramo empecé a encontrar formas extrañas en las piedras al lado de la vía, tenia mucho sueño, vi una cabeza de hombre, un búho y otros animales de piedra, ya mi cabeza empezaba a trabajar de otra manera y de un momento a otro el sol apareció, pensé que la temperatura subiría rápidamente pero no fue así, unos kilómetros más adelante todo el cielo se nubló y parecía que en cualquier momento empezaría a llover.

En el kilómetro 88 se encuentra un tramo exigente, una subida fuerte de 2 kilometros por un sendero (subir otra montaña) y después de eso el ascenso hacia las antenas por carretera destapada, tomé tranquilamente la primera subida, habían corredores de 63K y de 48K en ese momento, con quienes subí casi al mismo paso, uno de ellos tenia un esguince en el pie y andaba con dificultad apoyándose en un palo, otro corredor me pidió que le tomara una foto cuando ya faltaba poco para completar la subida, resultó ser un canadiense. Después de la subida se toma un camino entre pequeños cultivos de tabaco, luego hay una carretera destapada y mas allá el último punto de hidratación en la tienda Paramito, las antenas se ven muy lejos y es un poco desconsolador el panorama, para entonces ya se me dificultaba correr incluso en bajada, las subidas las hacia caminando al mejor paso posible. En el kilómetro 92 encontré un arroyito que atravesaba el camino, me agaché para lavarme la cara y mojarme la cabeza, a pesar de que no hacía sol era medio día y hacia un poco de calor, encontré mas adelante a un campesino y me dijo que faltaba apenas 1 kilómetro para Paramito.

El último punto de hidratación está en el km 93, se trata de la tienda Paramito, hay una especie de quiosco donde había agua y Águila cero, decidí usar este punto como último punto de avituallamiento, me tomé un Ensure líquido en lata y saqué una lechona en lata, si, una lechona, la idea me la dio Pipe un compañero de equipo (lo dijo en broma) pero a mi no me pareció descabellado, ese sería mi almuerzo. Mientras estaba ahí inició un fuerte aguacero, por un momento creí que nos favorecería la lluvia pero pronto nos dimos cuenta que el polvo del camino se convertía en un lodazal de arcilla que nos hacía resbalar incluso en la subida, eran 4 kilómetros subiendo que se complicaron más de lo esperado, el barro se pegaba a los zapatos y hacían los pasos pesados, en este tramo me encontré con un competidor de nacionalidad griega que estaba haciendo la distancia de 63K, no hablaba español pero intentó preguntarme cuanto faltaba para la llegada, no se si fue que le inspiré algún tipo de confianza o que no quería completar el recorrido solo, sin embargo, me haló durante la subida (llegar a antenas fue un gran alivio) y se ubicó atrás de mi durante el descenso técnico que restaba antes de llegar a la carretera destapada que nos llevaría hasta San Gil, hasta la llegada.

Durante el descenso me inició un dolor de rodilla que me ha molestado durante el año, no fue muy fuerte pero era molesto, mi amigo griego entonces sacó un spray de su maleta y me aplicó un poco, era de estos spray mágicos que uno ve en los partidos de futbol, causan una sensación de frio intenso que alivia muy rápidamente. Corríamos hasta 7 u 8 minutos y nos deteníamos, el dolor en las piernas y en la planta de los pies no me permitían seguir, entonces caminaba un par de minutos y volvíamos a correr, en este trayecto pasamos al hermano de Johanna Rincón, un amigo de fusa que nos contó que llevaba los pies ampollados y que no podía correr. Finalmente completamos el descenso, solo faltaba una corta subida por un sendero, un kilometro sobre asfalto para por fin llegar al pueblo de San Gil, yo seguía junto a mi amigo griego, llegamos a una rotonda donde unas personas nos dieron malas indicaciones intencionalmente, por suerte conocía bien ese último trayecto y tomé el camino correcto, me molestó mucho que hubieran hecho eso, quien sabe a cuantos corredores les habían dado malas indicaciones a falta de apenas unos 500 mts de la llegada.

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Para el momento de llegar a la rotonda había empezado a llover, y a medida que nos acercábamos el griego se notaba a cada paso más feliz y la lluvia era más fuerte, faltando apenas 5 cuadras para llegar la lluvia se había convertido en fuerte aguacero, el griego me miró y me dijo – “Que bueno!” Refiriéndose a la lluvia, yo asentí y me dispuse a tomar los últimos metros, giramos en la última cuadra y vimos la meta, habían pasado para mi 109 kilómetros y ahora solo estaba a unos 50 mts de la línea de llegada, sonreí y me sentí feliz, abrí los brazos y miraba a las personas que nos aplaudían mientras me llenaba de más y más alegría, faltando solo unos pasos para cruzar la meta encontré con la mirada a Monica al fondo de la calle bajo un paraguas y tomando fotos, crucé la meta con los brazos extendidos y me dirigí hacia ella para darle un abrazo, como siempre ella gritaba como loca.

Maraton de las Flores 42K – Medellín

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En Enero de 2014 tomé la decisión de intentar terminar mi primer maratón, entrenaba para correr 21K y descubrí que podía hacerlo sin mayor dificultad y que me atraía mucho el reto de descubrir cuantos kilómetros podía sumar en cada entrenamiento, miré el calendario y aunque estaba a meses del evento me inscribí y compré los tiquetes aéreos, de esta manera llegué a la línea de partida de la Maratón de las Flores de Medellín el 14 de septiembre de 2014. Eran las 6:59 am, alisté el GPS de pulsera encendí la música que siempre me acompaña y esperé a que los competidores frente a mi iniciaran, es la misma sensación en cada salida, no importa la distancia, mientras camino hacia la línea de partida una inyección de adrenalina empieza a correr por mi cuerpo, me repito varias veces mentalmente (a veces en voz baja) que lo voy a hacer bien, aprieto el botón del cronometro, me persigno e inicio mi carrera.

Había estudiado el recorrido, así que sabía muy bien lo que me esperaba, respetaba el terreno quebrado de Medellín pero estaba confiado en mi entrenamiento, los ascensos no iban a ser problema, sin embargo no sabía como iban a llegar mis piernas al kilometro 35, esos últimos 7K serían un misterio. El clima también parecía estar conmigo, se mostraba perfecto para correr, mi mayor incertidumbre estaba en la falta de costumbre a correr con calor y humedad ya que entreno en Bogotá por las noches y los fines de semana temprano cuando la temperatura nunca supera los 12 grados, para mi fortuna la mañana estaba muy fresca, oscura por el cielo cubierto y con algunas gotitas que hacían pensar a algunos competidores que nos esperaba lluvia durante el recorrido, no fue así, el cielo cubierto nos acompaño durante toda la competencia.

Inicié dos minutos después del disparo de salida, sabia que tenia que tomarlo con calma y así lo hice, rebasé sin apuro a los competidores delante de mi, tomé la primera glorieta y al levantar la cabeza se podía ver la Avenida San Juan cubierta por las camisetas verdes y amarillas de los competidores de 21K y 42K, fue una bella sensación de alegría. Un poco mas adelante descubrí que por algún motivo el playlist que había preparado en mi sistema de música no era el que estaba sonando, me molestó mucho ya que había gastado dos o tres horas de la semana preparándolo, no pensé más en eso y continué buscando la primera subida, muy pronto estábamos girando a la derecha y tomando el primer descenso, para mi sorpresa descubrí que había hecho los primeros 5K a un paso superior al pensado y dentro del ritmo cardiaco esperado, no aflojé y por el contrario decidí aprovechar el descenso, en este momento mi referencia era una mujer rubia con ropa de colores vistosos y que aparecía y desaparecía delante de mi, durante estos primeros kilómetros también me dio mucho gusto ver algunas personas conocidas en las aventuras del trail running, esa es otra familia de la cual escribiré en otra ocasión.

El kilometro 7 ofreció un paisaje bello y un descenso que nos permitió avanzar rápidamente, a la izquierda el cerro El Volador y una vía llena de árboles, muy verde, es lindo correr por allí. Llegamos a la depresión para atravesar la autopista y dirigirnos al sector de la Universidad de Antioquia y el Parque Explora, pensé en el mapa de altitud de la competencia, a partir de allí muchas subidas hasta el kilometro 30, ahora si iniciaba la carrera, volví a mirar el GPS y el paso seguía alto, las pulsaciones normales, entonces decidí mantenerme sin aflojar, esperaría algunos kilómetros para evaluar las pulsaciones y la sensación en las piernas.

En el edificio de ruta N los corredores hacíamos un giro alrededor de un sector que incluía el Parque Explora, pasábamos frente al Jardín Botánico, alrededor del Parque de los Deseos y un par de estaciones del metro de Medellín, en ese punto nos cruzábamos con aquellos que iban adelante y habían completado el giro de alrededor de un kilometro de distancia, es decir, se pasaba dos veces por el mismo punto, por la misma esquina. Un auxiliar de policía con una bandera roja indicaba la ruta, al pasar por allí para iniciar el giro pude ver a un corredor pasando por debajo de la cinta que marcaba el recorrido y tomando la línea que llevábamos, tal vez pensaba en recortar camino pero no lo consiguió porque en vez de adelantar retrocedió un kilometro, seguramente se sintió bastante frustrado cuando se dio cuenta de su equivocación, ¡Muy bien por tramposo!. Otra curiosidad de este tramo fue encontrar un grupo de personas mayores bebiendo y brindando con ron en plena zona de carrera mientras los competidores pasaban frente a ellos, en medio de su fiesta parecía como si no notaran a estos locos de amarillo y verde corriendo por la calle.

Antes de tomar la Avenida Oriental se pasa por un túnel entre el kilometro 13 y 14 que tiene una subida un poco pronunciada, al terminarla por primera vez se subieron mis pulsaciones, recuperé rápidamente y me di cuenta que la altitud me estaba favoreciendo, mis pulmones y piernas estaban intactas, podía mantener el paso hasta Premium Plaza (kilometro 17), allí estaba mi amiga Mónica quien me alentó, llegué fresco, sabia que se venía la parte mas dura, un choque de manos con Moni y a subir.

Por la zona del Centro Automotriz la primera sensación negativa, los corredores de 21K se separaban y nos quedábamos “solos” los de 42K, tuve un sentimiento de abandono, que curioso, sentí tristeza porque ya no iban a estar más estos otros locos de camiseta verde. Más adelante me sobrepaso un señor, intenté seguir con él pero noté que tendría que esforzarme de más para poder mantener el paso, no me apresuré y seguí a mi ritmo, en este momento iba minuto y medio por debajo de mi tiempo referencia así que podía guardar fuerzas para mantenerme sin desgastar demasiado, a pesar de esto no lo perdí de vista. De esta manera pasaron una tras otra las subidas de la avenida El Poblado, por San Fernando, por el Centro Comercial Santa Fe, pasando la Aguacatala, más adelante por Envigado y hasta finalmente llegar a Sabaneta, en ese punto el señor que iba adelante de mi perdió el paso y se quedó, alcancé a otro señor y me puse a su lado para seguir con él, era un veterano paisa muy cordial quien me ofreció suero y me preguntó si llevaba suficientes geles, me dio aliento, algunos consejos y entonces me enteré que esperaba terminar en 3 horas y 30, me dijo que a partir del kilometro 30 quería apretar el paso, yo le respondí que después del kilometro 35 suponía que mi paso iba a menguar y que por lo tanto no creía que pudiera llegar en ese tiempo. El señor me acompañó durante cerca de 15 minutos, llegando al kilometro 29 alcanzamos dos corredores que eran conocidos suyos, se unió a ellos y empezaron a dejarme atrás.

Hacia la estación del metro de La Estrella tomamos la Autopista Regional, llegar allí es un alivio en la mente, se siente como un “ahora a regresar y listo”, en este punto estaba de nuevo Mónica alentándome con aplausos y gritos, cuando pienso en la seriedad de su carácter en el trabajo, donde la conocí, pienso en que es como si fuera otra persona, ella es mi compañera de aventuras y comparte incluso con más emoción que yo las carreras. En este punto inicié a sentir cansancio en las piernas, apareció un dolor en la pantorrilla izquierda que por un corto tiempo me hizo cojear, pensé en avanzar más rápido sin embargo decidí buscar un paso que me llevara sin contratiempos al kilometro 35, solo entonces evaluaría las fuerzas que me quedaran. La estrategia de hidratación había funcionado bien, aún tenia un poco de bebida isotónica en el cinturón de hidratación, había bebido agua cuando había sentido sed y acababa de usar el tercer gel (los usé en el min 50, 1:50 y 2:50), decidí ser conservador y de inmediato lo noté en el paso que se hacia lento, por el kilometro 33 había perdido la ventaja que tenía y ya me encontraba en esa zona desconocida en la que no sabía a que velocidad podía continuar, los corredores delante de mi empezaron a alejarse y un par de competidores que apretaron el paso me dejaron atrás, los kilómetros empezaron a pasar lentamente y así fue como en el Km 35 noté que iba mucho mas despacio, ya habíamos tomado la Av Las Vegas y empezamos a pasar por esta bella zona residencial entre Envigado y El poblado, dejamos atrás el primer puente y entonces noté que mis pulsaciones iban bajas, que a pesar del cansancio podía aumentar la velocidad, de esta maneja empecé a acercarme a los corredores que iban perdiendo fuerza.

El puente de la Aguacatala apareció como una montaña finalizando el kilometro 36, se veía enorme y la inclinación de la subida parecía inhumana para ese momento de la carrera, estaba en el momento más crítico corriendo a un paso inferior al planeado y a medida que me acercaba se veían corredores caminando sobre el puente, de inmediato pensé en que bajo ninguna circunstancia iba a caminar y así lo hice, durante el ascenso note para mi sorpresa que se liberaba presión de mis talones y que incluso se aliviaba un poco el dolor en mis pies, subí con fuerza, alcancé y pasé a varios corredores, después de esto el descenso del puente que se siente fuerte en las rodillas y de ahí en adelante 5K para el final. En este sector se encontraban algunas personas alentando, casi todas ellas aplaudían y daban ánimo a todos los competidores, sin embargo en realidad esperaban por alguien, de otra manera seguramente no hubieran estado allí, fue un poco triste que en general pocas personas en la calle estuvieran interesadas en la carrera.

Al llegar a Monterrey sabía que era el momento de sacar todo para terminar, intenté correr más rápido pero no lo conseguí, a pesar de esto pude evitar por lo menos perder más tiempo, el ritmo cardiaco se elevó un poco a medida que me acercaba a la meta pero mantener el paso se hizo más difícil, pasé frente al hotel donde me estaba hospedando e inevitablemente pensé en que quería terminar de inmediato para poder regresar a mi habitación, fue solo un pensamiento, la verdad es que me sentí fuerte y aligeré el paso. Más adelante pude ver por fin el Edificio de EPM y me llené de alivio por tener tan cerca la meta, en este punto competidores de 10K caminaban y me sentí muy incomodo al tener que esquivar a un par de ellos ya que no notaban (o no les importaba) que hubiera aún personas corriendo, también sentí sed, el último punto de hidratación ya había quedado atrás y por un momento tuve ganas de pedir agua a algún competidor de 10K, no lo hice y corrí con mas energía a cada paso, las personas que me veían me alentaban, decían ya falta poco.

El último kilometro fue emocionante, un corredor de 42K que ya había completado la prueba me gritó que rematara y entonces apresuré el paso, tomamos el carril de la Av Regional y pude ver el Teatro Metropolitano, ya estaba muy cerca, desde este punto no podía identificar si había que rodear el Edificio de EPM o si entrabamos por la calle entre el Edificio y el Teatro, así que no sabia cuanto quedaba, personal del evento me indicó el carril de llegada para 42K y en este momento otro corredor me gritó de nuevo que rematara, tomé con buena velocidad el carril y entonces me di cuenta que no había que rodear el edificio, solo faltaban cerca de 400 metros, apreté los puños y con la fuerza que me quedaba corrí tan rápido como pude, giré en puntas de pies la última curva y finalmente vi el tablero con el tiempo de carrera y la llegada, retiré uno de los audífonos de mi oído para escuchar el público y corrí a toda velocidad intentando alcanzar a un corredor que tenia frente a mi, la gente gritaba y alentaba para que corriera rápido y así lo hice, faltando 10 metros sentí ganas de llorar por la emoción pero me contuve, seguí con todo y a tan solo a 5 metros de la llegada alcance al competidor delante de mi, lo miré y entonces decidí no pasarlo, preferí llegar con él, el corredor me miró, yo lo saludé con los pulgares arriba y mi cuerpo se lleno de alegría, el corredor extendió su mano y entonces pasamos la meta tomados de la mano, había llegado y atrás se habían quedado por primera vez 42 Km con 195 mts (en mi GPS fueron 42,7 Km y en el reloj de la organización 3:38:45)